RETROSPECTIVA
Dice la historia de nuestro país, que desde sus inicios, más precisamente desde el asesinato del prócer Antonio José de Sucre, hasta nuestros días, en el crimen del político e intelectual conservador Álvaro Gómez Hurtado, nuestro país ha sufrido variados y cruentos magnicidios: el ex presidente Obando, el general Uribe Uribe, el ministro Rodrigo Lara Bonilla, los candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Luis Carlos Galán Sarmiento, Carlos Pizarro Leongómez.
Sin embargo, desde el punto de vista histórico y dadas las consecuencias, el magnicidio más grande, el más recordado, el más coyuntural y el más decisivo para la historia reciente de nuestro país y para su situación actual, fue el del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán.
Nacido del hogar de un vendedor de libros y de una abnegada ama de casa en el año 1898, Gaitán fue primero reconocido en los claustros académicos como un incesante alumno amante de las Leyes y los principios sociales de Derecho; y luego como abogado, un defensor de los principios de igualdad. Su mayor virtud como litigante fue la oratoria punzante, pulida luego de su paso por Europa.
Gaitán siempre argumentó que su objetivo principal era el mejoramiento de las condiciones de vida de los grupos sociales menos favorecidos y por dicha razón, pronto se vio apoyado por miles de obreros y campesinos en todo el país. Una de sus primeras y reconocidas participaciones públicas fue la denuncia que hizo ante el Congreso de la República, en 1929, con ocasión de su viaje a la zona bananera meses después de que la huelga de trabajadores, terminara con una represión mortal para los campesinos
En el siguiente período de gobierno, bajo el mandato de Eduardo Santos, fue Alcalde de Bogotá, Ministro de Educación y Ministro de Trabajo.
No obstante el demostrado liderazgo del caudillo y su creciente masa de seguidores, al interior del Partido Liberal no fue posible unificar las huestes bajo un único nombre y se presentaron divididos dos candidatos en la siguiente contienda electoral: El Negro Gaitán, como le llamaban despectivamente los oligarcas de entonces y el "médico" Gabriel Turbay. Perdieron con el industrial cafetalero Mariano Ospina Pérez, antioqueño.
Continuas persecuciones y selectivos y diversos asesinatos de líderes regionales del partido liberal, llevaron a Gaitán, ahora Jefe del Partido Liberal y senador, a memorables momentos en la vida nacional. Son valiosas sus piezas de oratoria como la Oración del Silencio, en cuya marcha participaron más de cien mil personas, sólo agitando pañuelos blancos y escuchando en mudez total, bajo lágrimas: la voz, la súplica y las peticiones del caudillo al Presidente Ospina "Señor Presidente, vuestra Excelencia: Pedimos que termine esta persecución de las autoridades. Ponga fin, a la violencia. Todo lo que le pedimos es la garantía de la vida humana, que es lo menos que una nación puede pedir."
Su oratoria no era, sin embargo, la más excelsa o extraordinaria ni por sus propuestas, siempre espontáneas, ni por las alternativas de solución planteadas, sino por el espíritu de sus exhortaciones y por el calor incalculable que tanto en plaza pública o por radio estas transmitían… Sus palabras, sencillas y cotidianas, llegaban como la voz del igual a miles de colombianos de entonces. Yo no soy un hombre, yo soy un pueblo, se recuerda en su fuerte locución. La revolución no eran sus ideas, era su pertinaz convicción; su arma fue su enardecida palabra.
A la una y cinco de aquella tarde del 9 de abril de 1948, el hombre que enardeció a Colombia con su palabra, cayó, y su muerte enardeció al país. El caudillo salía de ganar su último litigio legal para perder bajo tres disparos, la esperanza de miles de descamisados, de desvalidos, de colombianos…
Su inminente llegada al Palacio de San Carlos mediante voto popular, se vio truncada un día como hoy, hace exactos 60 años.
Un individuo, de nombre Juan Roa Sierra preñado hasta las sienes de resentimiento social y lleno de miles de motivos inspirados en los frecuentes dardos que desde el poder se le arrojaban a Gaitán como instigador, como revoltoso, como comunista… Le salió al encuentro en pleno centro de Bogotá y le propinó los tres fogonazos que aún resuenan en los campos de Colombia, pero que ya olvidaron aquellos quienes un tiempo después fueron arropados bajo las prebendas y arreglos del Frente Nacional.
El Bogotazo, fue llamado ese primer rechazo, ciego, inmediato, inconsciente... Dirigido por una mano invisible, por un dolor incontenible, por un llanto irreprimible… que arrasó bajo la figura de una turba delirante, joyerías, embajadas, tranvía, edificios públicos, bajo el único grito de ¡A palacio!, ¡A palacio!
Fue aquel día que Fidel Castro, estudiante universitario, estaba coincidencialmente en Bogotá; fue la noche en que el presidente Ospina dijo que más valía un presidente muerto que uno fugitivo; fue para esos días que los líderes sindicales se fueron "al monte" a protegerse y luego conformaron las guerrillas liberales; fue en ese entonces que Bertha Hernández de Ospina, a la sazón primera dama, andaba revólver al cinto; fue esa noche que sacaron en tanque de guerra a Laureano Gómez quien fue después elegido presidente, en campaña en solitario…
Lo ocurrido luego, es historia conocida por muchos y transmitidas por nuestros abuelos acá en nuestros pueblos con un solo nombre, un nombre propio: LA VIOLENCIA.
Violencia que azotó sin piedad todos los lugares nacionales, llegando a todos los confines de nuestro país; ríos de sangre, voces de miedo y llanto sin parar que dividió aún más a nuestra patria en rojos y azules, en liberales y conservadores; época que en nuestro país se escucharon los adjetivos de chusmeros, chulavitas, godos, manzanillos…
Hoy, 60 años después, la violencia no ha cesado, simplemente se ha transfigurado. La guerrilla ya ha perdido, hace rato, su norte; el poder nacional sigue reservado a las altas esferas, cada vez es más grande la brecha entre el país político y el país nacional; y tiene para colmo, renovados y virulentos males: Narcotráfico y Paramilitarismo. Porque claro, la corrupción ni es nueva ahora ni lo era entonces.
Ha sido grande e incontable Jorge Eliécer Gaitán: es la efigie de nuestros humildes mil pesos, la esperanza de hace mucho, la inspiración de políticos y politiqueros, el recuerdo de los abuelos, el protagonista de hoy en la televisión, el misterio de quién lo asesinó…
Ante todo, la muerte del caudillo liberal, es el quebranto más triste y más grande de nuestra historia política... Nada es lo mismo en el país nacional desde su muerte, él lo predijo y se ha cumplido.
Pero claro, hay quiénes mañana ya lo habrán olvidado o simplemente recordarán la anécdota que al Negro Gaitán, le negaron la entrada al Jockey Club capitalino. Así es nuestro país.
La Oración: Que ese abril atroz, sean de esos tragos amargos, de ese cáliz acre, cuyas angustias y desconsuelos Dios mande que jamás volvamos a beber…
Mi desliz de hoy: La para-política llegó a Antioquia, ¿Cómo dormirían estas noches aquellos dirigentes regionales (y los locales por supuesto) que pertenecían a las huestes de Convergencia Liberal y que eran los preferidos de Guillermo Gaviria Zapata? ¿No se trasnocharían pensando de donde venían aquellos cheques? ¿Habrá salpicadura en Caucasia?
La Espinita:
En los altos círculos ya se comenta que pasarán de los para-legisladores a los para-alcaldes, de ahí a los para-concejales y el colofón será cuando esto se revuelva y empiecen a develar los nombres de los para-empresarios… ¿Quedará títere con cabeza?
EL VERSO:
Y la muerte del pueblo fue como siempre ha sido:
como si no muriera nadie, nada,
como si fueran piedras las que caen
sobre la tierra, o agua sobre el agua.
(Pablo Neruda)