Al conocer el informe de la Organización de Naciones Unidas sobre el hambre que mata cada 5 minutos un niño de 10 años en nuestro planeta, no puede uno dejar de pensar en los niños caucasianos, en los niños de los vecinos y por supuesto en nuestros propios hijos.
Y es que como demuestra la vida de cualquier y normal adulto, sólo se comprende cuan inocente e indefenso se es de niño, cuando uno llega a ser padre. Prodigar amor a nuestros hijos y asegurar una adecuada y pertinente educación es una garantía para el futuro de nuestras generaciones.
Esta educación parte, en lo posible desde nuestros hogares cuando se actúa con amor, responsabilidad y sentido común. Proveer de lo necesario para que nuestros retoños crezcan en ambientes sanos, conocedores de sus habilidades y fortalezas, conscientes de sus limitantes, colmados de amor propio, rebosantes de autoconfianza, plenos de sueños, cargados de ilusiones, ocupados de esperanzas, atiborrados de ganas de vivir… Empeñarse en brindar el propicio ambiente en nuestros hogares para ellos, exige esto y una pizca de sabiduría.
Jugar con ellos, conversar con los niños –utilizando tiempo de calidad-, recrear nuestros juegos de infancia a su lado, dejar por un momento el estrés del día a día cargándolos en nuestro regazo, responder con paciencia sus impertinentes preguntas, prepararles su postre favorito, darles ese tierno beso que hace rato (cualquiera sea su edad) ellos no reciben… TODO está permitido cuando de demostrarles nuestro inconmensurable amor se trata y para ellos, no tenemos que esperar una fecha en especial.
También es necesario proveer a nuestros niños un ambiente adecuado de formación en lo social y en la convivencia.
En este mencionado mes del niño, sería bueno conocer cuáles son las políticas emanadas desde la Oficina de la Gestora Social para asegurar que los niños caucasianos estén inmiscuidos en el Plan de Desarrollo Municipal. Algunas respuestas en el Plan Municipal de Infancia y Adolescencia, nos darían luces al respecto, nos permitirían reconocer que se está obrando de acuerdo a los más importantes de nuestra sociedad y que estamos planificando desde lo esencial, pero de forma acertada y asertiva, basándonos en nuestras propias necesidades locales y yendo más allá de los proyectos nacionales, que si bien son muy importantes, se dirigen a lo general y olvidan lo específico de la convivencia, dado que cada comunidad posee sus propias características culturales.
Se necesitan hechos medibles en términos de tiempo e índices de desarrollo. Delinear Programas y Proyectos Municipales que establezcan prioridades, acciones reales, tales como: Erradicar el hambre de los estómagos infantiles más necesitados de Caucasia, Crear mayores y pertinentes espacios de lúdica y recreación, Concertar el crecimiento de aquellas organizaciones locales que propenden por el desarrollo infantil, Apoyar las iniciativas comunitarias que prioricen a los pequeños como actores esenciales, Propender por el crecimiento de las bibliotecas y espacios de formación extraescolar, Promover la formación de profesionales para atender los espacios oficiales de educación pre-infantil e infantil, Motivar las escuelas de formación artística y culturales, Cubrir la totalidad de los cuadros de vacunas en nuestros príncipes, Disminuir el índice de muertes neonatales, No abandonar la lucha por extirpar el maltrato infantil… En pocas palabras, reconocer que el Desarrollo va más allá del pavimento en las calles. El Desarrollo también compete a nuestros hijos.
Sin políticas gubernamentales de corte municipal que inmiscuyan a nuestros niños en el Desarrollo Integral, Sostenible y Diverso, será muy difícil tener esperanza respecto al futuro de nuestras generaciones. Las cifras mundiales lo demuestran.
Y a decir verdad, la importancia de nuestros niños va más allá del mes de abril.
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