En esta noche cálida,
de soledad feliz y prieta,
negra, oscura y pesada,
que encima de mí se cierra,
cuyo día mortalmente mata,
que el albor febreril acaba...
Doy gracias a los altos por mi presencia,
por quién soy,
plácido estoy por respirar,
por vivir,
por ser, por brillar,
plácido,
por mi existencia...
Ya no importa lo difícil del sendero,
ni largo que sea,
ni sinuoso,
ni la gota densa que sudar yo debo,
al llegar al trono victorioso,
la roca escarpada y agreste,
de nuevo,
de nuevo, subir yo quiero,
Porque el dueño de mi brújula soy yo,
el capitán en vida de mi fragata,
Amo, Señor de mi destino,
el lápiz que grafica cada giro,
de mi obra, de mi vida
y mi crucero,
dueño y director yo mismo...
Dueño de mi alma,
de mi accionar y lo que espero.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario